>> Iruya (2780 m.s.n.m.)
Visitar
Iruya es recorrer el pasado, es conocer la gente de
esta tierra, es adentrarse en las costumbres y en la
cultura. Entre montañas y dormido en el tiempo, Iruya es
un
pueblo de ensueño.
Su iglesia, sus casas y empinadas callecitas de piedra
hablan de las formas típicas de la vida de su gente,
resguardándolo del fragor de las grandes ciudades, pero
con todo el confort en su hostería.
Como salido de una postal, Iruya invita al descanso y a
la meditación, pero también al asombro a través de
cabalgatas,
caminatas
o la práctica de
trekking.
Su nombre significa "Paja brava" o "Lugar de
los pastos altos" en quechua. La más importante de
todas las festividades tiene lugar el primer fin de
semana de octubre, con los
cultos de la Virgen del Rosario, donde lo pagano y lo religioso se confunden en un
sincretismo único.
Cientos de lugareños movidos por su fe participan de los
actos religiosos cantando, rezando y ejecutando
instrumentos autóctonos (quenas, cajas y sikus).
Acompañan la música con el baile típico de los "cachis",
un grupo de disfrazados con máscaras cuya danza
simboliza la eterna lucha del bien y el mal.
Al pie de Iruya, en el lecho de su río, se origina el
comercio de trueque establecido entre sus pobladores,
los habitantes de la Alta Puna y localidades aledañas.
Junio, julio, agosto, septiembre y octubre son los meses
ideales para visitar Iruya, por las condiciones
climáticas de la zona.